La violencia contra las personas es una de las formas más comunes de materializar la violencia en las relaciones personales y sociales en las sociedades patriarcales. Entre los distintos grupos humanos que por diversas razones sufren la violencia, las mujeres son las que más soportan mayoritariamente estos abusos. Es la que llamamos la violencia machista, una violencia que se caracteriza por dos componentes: es producida por los hombres contra las mujeres y su origen es el sistema de dominación de un sexo (el masculino) sobre el otro (el femenino) que impone las sociedades patriarcales en las que vivimos.

Llamamos violencia machista a la imposición de una conducta no deseada, ya sea a través de coacción verbal o de violencia física, vinculado a una privación de la libertad personal y un sufrimiento físico, psíquico o moral de todo tipo. La violencia machista tiene como objetivo obligar a las mujeres a adoptar roles sexistas y subalternos en la organización social y el imaginario colectivo, sin respetar sus derechos y autonomía.

La violencia ejercida mayoritariamente por varones sobre mujeres es una práctica sistemática, justificada culturalmente. Por eso, esta violencia es muy compleja, difícil de analizar y erradicar, debido a sus dimensiones y su enraizamiento en las culturas.

La violencia machista, un mal radical, cotidiano y banalizado

Tomando como referencia el análisis de Hanna Arendt sobre la violencia, podemos decir que la violencia contra las mujeres es un mal radical, cotidiano y banalizado.

  • Radical porque se encuentra extendido en los distintos ámbitos sociales, porque es naturalizado, casi inevitable, como una consecuencia esencial por el hecho de ser mujer y la cual hay que aceptar.
  • Cotidiano, porque la convivencia con la violencia cotidiana normaliza una serie de comportamientos injustos que producen sufrimiento constante, aunque generalmente no muy consciente.
  • Banalizado, porque el debate sobre esta realidad cotidiana se relativiza y minimiza al vernos, en unas ocasiones abrumados por la profundidad del problema y otras veces asustados por la amenaza que supone tocar los cimientos de unas estructuras opresoras que sostienen el resto de nuestros sistemas sociales y económicos.

La erradicación de la violencia machista

La erradicación de la violencia machista es uno de los objetivos prioritarios de la Asociación EmPoderArte. El impacto de esta violencia sobre la salud física y mental de las mujeres deteriora su calidad de vida. Se interioriza hasta causar una pérdida de autonomía de la propia vida. Produce una sensación constante de culpabilidad que neutraliza, domestica y controla su vida. Por último, reproduce comportamientos y educa a las siguientes generaciones de mujeres en el miedo y la subordinación.

EmPoderArte, colectivo de mujeres y artistas, no puede quedar al margen de esta situación, de la que con frecuencia sólo se muestra en los medios de comunicación las consecuencias brutales de la violencia física, punta del iceberg de todo el sistema de violencia machista. En la asociación utilizamos el arte como elemento de denuncia social y herramienta de transformación de miradas, desde una perspectiva de género y un compromiso social con las mujeres, procedan de donde proceda.

 

Texto de Silvia Martínez Cano (adaptación de una publicación de la misma autora)